Llevo una temporada mal en cuerpo y alma. La gente de mi alrededor lo sabe, alguna lo intuye... otras sencillamente lo ignorarán para siempre. No es un caso perdido, pero es una etapa difícil de superar. Esas fuerzas de juventud que ahora me faltan, noto como poco a poco las voy visualizando, cerquita de mi persona. Y hoy quiero dedicarle el post del blog a varias personas que me están ayudando... Algunas son perfectamente conscientes de lo que están haciendo y de por qué lo hacen... Otras, sencillamente, son personas maravillosas:
El otro día una persona que no significaba nada para mí (sólo un compañero de clase) me hizo reír a carcajada limpia, hasta que me saltaron las lágrimas y no las confundí con dolor, eran de alegría, de júbilo, sentí que por un momento respiraba de verdad. Me vió coger el teléfono, me oyó hablar, y desde que lo colgué y él vió mi cara no paró de hacerme reír. No me dió opción. Luchó contra todo lo que sentía y, sin importar nada más que ese momento, se centró en mi persona y no dejó que en ningún momento bajase la sonrisa de mis labios. Y a última hora de la noche volví a sonreír, recordando lo felíz que me había hecho con tan poco...
Nunca lo leerás, pero yo te estaré siempre agradecida...



