Abrió la puerta con las pocas fuerzas que le quedaban. El viaje había sido largo y aquella mole, forjada de hierro, que daba paso a la sala prohibida, en la que se encontraba, chilló contra el suelo de mármol negro, iluminado por una luz que provenía de alguna esquina de la sala y se proyectaba a pocos pasos de donde se encontraba. Caminó hasta el círculo blanco y la puerta se cerró a sus espaldas, silenciosamente, hasta acabar en un portazo siniestro que en ningún caso consiguió asustarla. Entonces una voz surgió de la nada y le dijo:
- Te he estado esperando.
- Y aquí estoy- respondió.
- Pensé que no tendrías valor de entrar.
- Me subestimas, como el resto.
Hubo un silencio incómodo. Ella miraba hacia el frente y no se paraba a fijarse en las sombras, pero no se encontraba sola. Aquel ser estaba en la estancia, sin dejarse ver. Su voz cambiaba de dirección a cada frase y ello le hacía estar desorientada. Pero no le importaba. Llevaba mucho tiempo desorientada hasta aquel momento, en el que se había decidido al fin.
- Debo entender que ya lo has pensado.
- He tenido tiempo- le contestó ella.
- ¿Tiempo dices?- rió- Las criaturas como tu no tienen noción real del tiempo. Sólo es una ilusión vagamente esperanzadora. Os aferráis a ella como a un tesoro, cuando sabéis que es un arma de doble filo. No lo controláis. No lo aprobecháis. Ni siquiera lo cuidáis. El tiempo es vuestro peor enemigo... En tu caso, es tu propio infierno.
Se sintió atacada. Una sensación horrible le sacudió el cuerpo. Empezó a encontrarse mal, pero en ningún momento se inmutó.
- Sé lo que vienes a buscar aquí- continuó la voz, que poco a poco parecía estar acercándose- Sé cual ha sido tu elección. Y debes de saber de antemano que no te la puedo dar. Yo no dicto todas las reglas.
- Pero tú me has llamado. He escuchado tu voz y aquí estoy.- le contestó, con tranquilidad, sosegada.
- Tus gritos se oían desde cualquier parte, donde te encontrases. Tus lágrimas llegaron a mis manos y tu llanto a mis oídos. Sé lo que quieres pero no puedo dártelo- repitió.
- Ni siquiera me has dado tiempo a pedírtelo. Me ofreciste un deseo a cambio de mi alma mientras me viste débil y ahora vengo a reclamártelo.
- Y precisamente por eso- gritó la voz- te digo que lo que vienes buscando no te lo puedo dar. Sé que deseas la muerte. Pero no eres lo suficientemente fuerte para acabar con tu vida. Te pueden los remordimientos...- rió- ¿De quién, pequeña?... ¿Qué harán esas personas que te echarán en falta? Los dejarás destrozados si te quedas conmigo... - ella apretó los labios y bajó la mirada.
- Sabes que nadie...- titubeó- nadie me recordará cuando no esté. Pero si piensas que es eso lo que vengo a pedirte estás muy equivocado.- La voz paró de reír y una respiración profunda le llegó desde la espalda... Entonces una mano áspera y mojada le recorrió los hombros y ella ahogó una exclamación en su garganta...
- Ah, ¿sí?- notó cómo ya no había eco en su voz, pues la tenía susurrándole al oído, provocándole un escalofrío amargo- Entonces ¿qué es lo que has pensado durante todo este tiempo? No hay equivocaciones esta vez. Es tu única oportunidad, pues sabes perfectamente que me servirás al acabar tus días y serás mía. Y realmente es una idea que me seduce bastante. Tengo grandes planes para tí... Pero sólo hay una opción para curar tus heridas, y esa decisión puede llegar a ser tu perdición, si no deseas correctamente...
Hubo un tiempo de silencio, y resignada soltó sus lágrimas, que cayeron al suelo de mármol...- ¿Y bien?- Cogió aire, respiró profundamente y se giró, mirando a la criatura abominable que tenía a sus espaldas, escondiendo todo el miedo que sintió en ese momento, en el que quiso huír de allí, pero recordó el dolor y la angustia, y una cara llegó a su mente e hizo que su corazón empezara a latir fuertemente, de manera alocada, haciéndole sentir náuseas y como si se le fuera a salir en corazón de su sitio. Le miró fijamente, sus ojos negros y profundos, acabado en rojo, se acercó más a su cara le dijo:
- He venido para pedirte mi deseo... A cambio de mi vida y mi alma. Salva a la gente a la que amo y llévate mis sentimientos contigo. Haz que me olvide de lo que es amar, de lo que es sufrir, del dolor. Líbrame de mis recuerdos y de todo lo que alguna vez haya podido sentir. Líbrame de cuanquier sensación... hasta de la felicidad, porque ya no me reconforta. A cambio de todo eso, líbrales del sufrimiento y hazme olvidar. A cambio de todo eso seré tu arma, tu guerrero de la muerte. Pero jamás permitas que les pase nada malo. Yo seré tu arma más fuerte y con ésto me librarás de mi pena...
Y en los ojos de la criatura se vislumbró una sorpresa más allá de lo que se pudiera imaginar. Una sensación que por un momento le hizo recordar que él mismo una vez había sido mortal y que aquella criaturita débil había formulado su deseo sin poder alterarlo, sin poder hacerle daño... La propia muchacha le inspiró respeto.
- Que así sea.
Y no notó nada. No sintió nada. No advirtió ningún tipo de sensación. Ni siquiera desagobio... Sólo oyó como la puerta se cerraba detrás de ella y una persona venía a abrazala, envuelta en lágrimas, diciendole:
- ¿Qué has hecho?
Y le abrazó. Pero ella no sintió nada... Ni si quiera se acordaba de quién era aquella persona. Su deseo había funcionado. Aquello era una manera de estar muerta.